viernes, 18 de julio de 2014

Importar y exportar

El otro día me quedé pensando un rato en la cantidad de comida que he traído y llevado a Hungría a lo largo de estos años. Kilos y kilos en la maleta o en paquetes que han recorrido miles de kilómetros de un país a otro. Podría decirse que me he convertido en un pequeño minorista de la importación y exportación alimentaria. Eso sí, sin ánimo de lucro: todo para el autoconsumo o regalo a las personas cercanas. Y no es algo aislado: todos los extranjeros que conozco, sean del país que sean, de cualquier continente, traen ingentes cantidades de comida y se llevan algunos presentes. Y es que como en casa...

De Hungría he exportado el mítico szalami de Pick, esas largas barras de delicioso salami de Szeged que pueden desaparecer en cuestión de pocos días si uno se lo propone. El pimentón de Szeged, que aunque no se usa en las mismas cantidades que en Hungría, siempre es un fiel compañero de viaje. El túró rudi, porque la única forma de comprender qué es esa barra de requesón y chocolate es probándolo. El famoso vino húngaro, cuidadosamente envuelto y colocado entre ropas en el centro de la maleta para que sobreviva a los aeropuertos. No he exportado el conocido Unicum (que no me gusta en absoluto) ni la repostería húngara por razones obvias de transporte. Aunque de buena gana llevaría a casa una buena Dobos torta.


Salami de la marca Pick, el más codiciado de Hungría. Esta es una de sus variantes, el Rákóczi, aunque el considerado como rey de los salamis es el téli (salami de invierno).


¿Y qué importo a Hungría? Además del obligado jamón, chorizo, lomo, queso o morcilla (difíciles / imposibles de encontrar en aquí), las míticas latas de Litoral (la legumbre es casi inexistente), las bandejas de La Gula del Norte (¡cómo explicarles a los húngaros primero qué son las angulas y luego que en realidad estas no son angulas!) o los boquerones en vinagre o las anchoas en aceite. Y otras tantas cosas que aunque pueden encontrarse en Hungría, no son tan buenas: el salmón ahumado, el atún enlatado, las aceitunas de bote o incluso el Nesquik son más caros y de peor calidad. Para hacer tortilla de patata no hay problema: patatas, cebollas, huevos y aceite de oliva pueden adquirirse en Hungría sin problemas.

Otras cosas como el pescado de mar, el marisco o muchas verduras no pueden disfrutarse en tierras magiares (al menos como estamos acostumbrados) y tampoco puede traer a casa el querido cartero. Gajes del oficio.


Cuando el cartero llama, algo trae...

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