lunes, 26 de septiembre de 2016

Atentado en Budapest: dos policías heridos

Poco a poco van aclarándose las informaciones sobre la explosión que tuvo lugar la noche del sábado en Budapest, en la avenida Teréz (parte del nagykörút, el gran anillo de circunvalación interior de la capital húngara), muy cerca de la plaza Oktogon, una zona que en plena noche de sábado estaba a rebosar de gente, ya que es la zona de copas y restaurantes por excelencia de Budapest, y de día también es muy transitada (yo mismo he pasado por allí a menudo), y que dejó un saldo de dos policías heridos.



Zona de la explosión.
fotografía: index.hu


La noche del pasado sábado 24 de Septiembre, en torno a las 22:30, se escuchó una fuerte explosión en la céntrica avenida Teréz (distrito VI). En pocos minutos la zona fue acordonada, se interrumpió el tráfico y se llenó de policías, bomberos y ambulancias. Lo que al principio parecía una explosión de gas en un edificio en obras pronto se convirtió en algo más: la policía no hacía declaraciones, se evacuaron edificios (hoteles, viviendas, bares, pubs y restaurantes cercanos) y la zona se llenó de miembros de la policía científica que inspeccionaban la zona de arriba abajo. No se cortó el suministro de gas (algo habitual en las explosiones por este motivo), ni se vieron trabajadores de la compañía de gas por la zona, por lo que los rumores de que hubiese sido un suceso intencionado fueron ganando adeptos.





El lugar de la explosión se llenó de policía y servicios de emergencia en pocos minutos.


El Domingo por la tarde, ante la multitud de rumores que corrían de boca en boca y en las redes sociales, la policía ofreció una rueda de prensa, donde confirmó que, según las cámaras de vigilancia, un chico joven, de unos 20-25 años, en torno a 1,70 m. de altura y vestido con vaqueros, cazadora negra, deportivas y un gorro blanco de pescador, dejó un paquete sospechoso junto al edificio. Una pareja de policías que patrullaba por la zona en su ruta habitual, pasó junto al dispositivo y se produjo la explosión, hiriéndoles de gravedad. El objetivo del atentado, según la rueda de prensa, era matar o herir policías.

Una de las policías heridas es una chica de 23 años, conocida por haber participado en concursos de belleza y referencia en las campañas de publicidad de la policía húngara. El otro, un agente de 26 años. Ambos se encuentran ingresados en un hospital de la capital, donde permanecen estables. La policía ofrece 10 millones de forint (unos 32.000 €) de recompensa por una pista que conduzca al autor del atentado).

Los motivos de este ataque aún no están anda claros. Hay diversas teorías al respecto, de todo tipo, mientras prosiguen las investigaciones. A nadie se le escapa que está muy cerca el 2 de Octubre, fecha del referéndum contra las cuotas obligatorias de refugiados de la UE, y que está levantando bastante polémica en Europa. Las opiniones van desde que haya sido un "lobo solitario" hasta que haya podido ser el propio gobierno o la extrema derecha, buscando incentivar el miedo y el voto contra la cuotas. Incluso se habla de un probable origen fuera de Hungría, para dar un toque al gobierno de Orbán. La policía ha difundido imágenes del sospechoso captadas por cámaras de vigilancia cercanas, así como un vídeo, donde se ve al sospechoso merodear por la zona con una mochila en la mano, dejarla finalmente, y macharse, poco antes de que explotase al pasar los policías:



Imágenes del autor del atentado, difundidas por la policía. Cualquier información que lleve a su captura se premia con 10 millones de forint. Teléfono: 112.


miércoles, 21 de septiembre de 2016

Un año después... el referéndum de las cuotas

Llegó el 1 de Septiembre, y puntualmente, como todos los años, los niños comenzaron el colegio y el instituto, en una hermosa fiesta de presentación, tan típica en estos lares. Poco después, el día 5, primer lunes de mes, comenzó la universidad. Aún recuerdo un 31 de Agosto en el Balaton, donde los negocios bajaban las persianas, las baldas de los supermercados estaban casi vacías y los turistas cargaban los coches de maletas, puntuales, terminando la temporada turística con rigurosa fecha. Porque aquí todo comienza y termina antes. Incluyendo los días, que amanecen mucho antes que en España (sobre las 6 de la mañana en Septiembre), hora en la que abren los comercios, la gente sale a hacer los recados y comienzan su jornada.

Este Septiembre se cumple un año de la brutal crisis migratoria que vivió Hungría, y que puso este pequeño país centroeuropeo en las portadas de la prensa internacional, y en las cabeceras de los telediarios de todo el mundo. Que manipularon las noticias hasta la saciedad, como tienen por costumbre la mayoría de medios de comunicación hoy en día. Y precisamente, tras un año de todo aquello, llega la celebración de un referéndum en Hungría sobre las cuotas de la UE en materia de refugiados e inmigración, que ha levantado polvo en eso que llaman Unión Europea (que no sé hasta qué punto está unida y mucho menos en qué medida representa a los europeos).


Jornadas de caos migratorio en Budapest hace un año. Miles de personas cruzaron el puente Erzsébet con intención de ir caminando hasta Austria.
fotografía: index.hu


Ya expliqué en entradas previas del blog que varios países del este de la UE se opusieron a estas famosas cuotas, analicé la sinrazón y el poco sentido de las mismas en esta entrada. De todos los países que se opusieron a este sistema de cuotas obligatorias, Hungría ha ido un paso más lejos, hasta el punto de organizar un referéndum. No es que sea vinculante, pero sí que el resultado puede ser utilizado por el gobierno como medida de presión de cara a la UE, y es que, en esta Europa tan "democrática", el hecho de celebrar un referéndum que pueda tener un resultado contrario a los intereses de Bruselas es algo que no ha hecho mucha gracia a los jerifaltes de la UE, que han tenido que hacer malabares léxicos, con más pena que gloria, para tratar de justificar que un referéndum es antidemocrático.

Una muestra de todo esto: recientemente leí la noticia de que Luxemburgo pedía la salida de Hungría de la UE por violar los valores democráticos de la Unión Europea. La respuesta del gobierno húngaro no tiene desperdicio, recordando que precisamente Luxemburgo fue un paraíso fiscal hasta el año pasado, donde muchas de las principales multinacionales evadieron millones de euros en impuestos al tributar al 1% en Luxemburgo sus beneficios de toda la Unión Europea, en lugar de hacerlo en cada país de la UE de forma individual, en un caso que salpicó al propio presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, ya que entonces él era el primer ministro de Luxemburgo. Quizás, entonces, debería ser Luxemburgo expulsado de la UE por ir contra sus propios ciudadanos, al permitir que millones de euros de impuestos fueran desviados a paraísos fiscales en lugar de ir a las arcas públicas, tan necesitadas en estos tiempos.

La crisis migratoria ha entrado desde hace ya varios meses en una fase silente, crónica, al ralentí. La prensa apenas habla ya del tema, el número de inmigrantes ha descendido considerablemente, pero siguen llegando día tras día a las islas griegas y a la frontera húngara, en su camino a la Europa rica. Las escasas noticias que han salido a la luz sobre este asunto han sido los inmigrantes que países como Suecia, Alemania o Austria quieren devolver a Hungría, en virtud de los acuerdos de Dublín, que rigen que el primer país que de la UE que pise un solicitante de asilo es quien debe encargarse de él. Y dado que muchos entraron por Hungría, los países que fueron destino final de estas personas quieren ejercer su derecho de devolución. Eso sí, este tema ha pasado mucho más desapercibido que cuando declaraban que iban a acoger a no sé cuantos mil refugiados. Hungría ha mostrado su malestar, no sin razón, ya que argumentan que en realidad el primer país Schengen que pisaron fue Grecia, la gran puerta de entrada de esta ola migratoria, así que es a ellos a quienes tienen que pedir cuentas y no a Hungría. Por no hablar de que el protocolo de Dublín fue violado innumerables veces por muchos países de la UE y que, de facto, quedó prácticamente anulado.


Un grupo de inmigrantes caminan por Budapest con fotografías de Angela Merkel. La canciller alemana es una de las principales responsables de este desastre. Para muchos de ellos (la mayoría no eran sirios), todo el viaje fue en vano, y serán devueltos finamente a sus países de origen.
fotografía: index.hu


Sobre el tema del referéndum de las cuotas quería escribir una extensa entrada, pero el blog Crónicas húngaras se ha adelantado, con un trabajo excelente al cual me remito en este link que lleva a su artículo. Poco más hay que añadir.

Así que quedamos a la espera de ese sábado 2 de Octubre, en el que se celebra el referéndum, donde el gobierno hará la pregunta de "¿Quiere que la UE, sin la aprobación de la Asamblea Nacional, imponga el asentamiento obligatorio de ciudadanos no húngaros en Hungría?", donde necesita al menos un 50% de participación para que sea válido, y a la espera de mi próximo viaje a Hungría en ese mismo mes, en el que volveré a pisar tierras magiares.

En Hungría nadie duda de que va a ganar el "No", de hecho, viendo el panorama y las encuestas, los pocos partidos políticos que están a favor de las cuotas han pedido la abstención. El asunto es si la participación llegará a ese 50%, por ello el gobierno ejerce una intensa campaña a favor de la participación y del "No" en el referéndum, hasta el punto de que muchas veces parece que no hay problemas más graves en el país. Pero Orbán y su gobierno saben que se juegan mucho, y que están cerca de poder hacerle una buena "peineta" a Bruselas, que les daría muchos votos y apoyo, y no solo en Hungría. El grupo Visegrád se ha consolidado como una alternativa al eje tradicional Berlín-París, de hecho recientemente se habló en Austria de la posibilidad de unirse a los países de este grupo (formado por Polonia, República Checa, Eslovaquia y Hungría, sumando unos 60 millones de habitantes y más de medio millón de kilómetros cuadrados, siendo su origen una alianza entre eslavos y magiares en el siglo XIV, y su reactivación tras la caída del muro de Berlín). Lo cierto es que económicamente están muy por detrás del eje francogermano (son de hecho una colonia económica de dichos países), pero su influencia política dentro de la UE ha alcanzado niveles jamás vistos.


Gobierno húngaro, con el primer ministro, Viktor Orbán (el segundo por la derecha).
fotografía: index.hu

viernes, 12 de agosto de 2016

Verano en Hungría

Este verano está siendo bastante caluroso en Hungría, como ocurre siempre, año tras año. En esta ocasión, por primera vez en los últimos tiempos, no he podido estar en tierras magiares durante la época estival, pero recuerdo perfectamente las olas de calor, pegado al ventilador, bebiendo agua a litros y esperando que llegase alguna de las grandes tormentas que suelen caer en verano y que, durante unas horas, aliviaban la temperatura y proporcionaban el placer de caminar bajo el aguacero refrescándome tras días con temperaturas entre 30 y 40 grados, sin importarme regresar chorreando a casa.

En Hungría es fácil armarse contra el calor. Hay miles de heladerías, que además suelen ser bastante baratas. Cuando vivía cerca de la calle Pozsonyi, en el barrio XIII de Budapest, solía comprar unos helados de bolas gigantes, a elegir entre varios sabores, por poco más de un euro, y tomarlos en el cercano Parque Szent István, al frescor de las fuentes, donde mucha gente iba para meter los pies en el agua o simplemente tumbarse en la hierba a tomar el sol. Recuerdo la fuente musical de la cercana isla Margarita, con su espectáculo de luz y sonido en los atardeceres de Budapest, donde era difícil lograr un sitio junto a la fuente, sumergiendo las piernas en el agua, aliviando los calores veraniegos. Mucha gente simplemente acudía a los múltiples centros comerciales en busca del tan ansiado aire acondicionado. Más naturales son los enormes árboles de las calles de Szeged, ciudad en la que viví un lustro, que en verano proporcionan una deliciosa sombra.


Fuente musical de la isla Margarita, en Budapest.

Calle de Budapest un caluroso día de verano.

Río Tisza y paseo junto a él, en la ciudad de Szeged.


Un poco más lejos, a algo más de una hora de la capital húngara, está el epicentro del verano magiar: el lago Balaton, que es el mayor lago de Europa central, con una longitud de casi 100 kilómetros y una anchura de poco más de una docena. Su escasa profundidad y gran superficie permite a sus aguas alcanzar temperaturas bastante agradables, que pueden llegar a los 26-27 grados. Casi toda su orilla está urbanizada, las poblaciones del Balaton prácticamente terminan donde empieza la siguiente, llenas de hoteles, pensiones, restaurantes, heladerías y pastelerías. Las zonas de baño, llamadas playas, especialmente las de la costa sur, se llenan de miles de húngaros de vacaciones en esta especie de pequeño Benidorm magiar que es Siófok, con su pequeño paseo lleno de atracciones, tiendas, puestos de granizados, heladerías o cafés, finalizando en su pequeño puerto del que zarpan barcos rumbo a Balatonfüred y la costa norte. El resto del turismo lo forman especialmente austríacos y alemanes (sobre todo de Baviera o del resto de lander surorientales), que viven a escasas horas en automóvil del lago Balaton, donde además los precios son bastante baratos en comparación con sus países de origen.





Imágenes del Balaton de idokep.hu


Y en Alföld, la Gran Llanura Húngara, el verano no es menos caluroso. Pese a la sencilla orografía, hay multitud de pequeños lagos, poco profundos, la mayoría artificiales, que sirven de improvisadas playas en verano, así como, por supuesto, los famosos balnearios húngaros, que en verano bajan algunos grados la temperatura de sus aguas termales, para hacer frente al verano. En los pequeños pueblecitos que salpican esta llanura, donde pasé muchos fines de semana tumbado en el jardín, y donde pese al calor no faltaban los bogracs de pörkölt, los chupitos de pálinka, ni los desayunos a base de chorizo, morcilla y panceta.

Algo que me llamó la atención al llegar la primera vez a Hungría en verano fue la enorme variedad de refrescos: en cualquier bar o pastelería preparan limonada casera, y en casi cualquier casa a la que vayas te ofrecerán su propia limonada, de muchos tipos (una que me sorprendió es la de bodza, llamado en castellano saúco, a base de flores). En los supermercados se vende la famosa piroska, un concentrado de varios tipos de sabores que se mezcla con gaseosa o agua sin gas, para preparar tu propio refresco, a tu gusto, en casa. O en los cientos de bares con terrazas y jardines que inundan Budapest en verano. En casi ninguna casa de pueblo falta el típico sifón encima de la mesa. También hay un montón de tipos de té, de todos los sabores, con el que se puede preparar té helado en verano. Y el famoso Jeges kávé, una café con hielo coronado con una bola de helado de vainilla, nata pastelera y sirope de chocolate, todo un manjar del verano húngaro. Una oferta mucho más amplia que el clásico coca-cola, fanta y sprite que hay en España y tantos países donde los refrescos caseros han sucumbido al poder de las grandes empresas. Y, por supuesto, los puestos de sandías en los orillos de las carreteras de la Hungría rural, algo que también puede verse en España.


La famosa y refrescante limonade, un imprescindible del verano húngaro.

lunes, 11 de julio de 2016

La ciudad de Szeged desde las alturas

Szeged es una tranquila y bella ciudad situada al sur de Hungría, de unos 160.000 habitantes, en plena Gran llanura húngara y atravesada por el río Tisza, que cuenta con una importante universidad de reconocido prestigio europeo. En una plaza cercana al centro, llamada Szent István tér (Plaza de San Esteban), se alza una gran torre que antaño sirvió como depósito de agua, llamada en húngaro Víztorony (torre de agua). Hoy en día se encuentra restaurada y con función únicamente ornamental. Una vez al año se celebra el día del agua en todo el país, durante el cálido verano húngaro. En Szeged, la torre de agua puede visitarse de manera gratuita en este día. Dentro hay una pequeña exposición, donde se pueden ver imágenes de las grandes inundaciones que ha sufrido la ciudad a lo largo de la historia por las crecidas del río Tisza, pero el atractivo principal es, sin duda, subir al mirador, desde el cual puede contemplarse toda la ciudad gracias a la ausencia de grandes edificios. Durante el resto del año hay algunos días que puede también visitarse esta torre, comprando una entrada bastante asequible (en torno a 1 €). En este link (en húngaro), aparecen los horarios y días de apertura. Merece la pena subir, sin duda. Os dejo con las correspondiente vistas de la torre y la ciudad desde su mirador:














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