lunes, 25 de abril de 2016

La vida en la Hungría comunista (I)

A continuación me gustaría resumir una conversación muy interesante que tuve con un matrimonio de ancianos de un pequeño pueblo de Hungría sobre su vida durante la época comunista. Ellos son húngaros de Eslovaquia, y llegaron a Hungría de pequeños, tras la segunda guerra mundial. Me contaron cosas de su vida y algunas curiosidades de la Hungría de la posguerra y el socialismo, que considero bastante interesantes para profundizar en la historia del país y en el funcionamiento de este sistema económico a nivel de una familia, sin cifras macroeconómicas ni grandes estudios de por medio, sino las simples memorias de quienes lo vivieron.

Con esto me refiero a que lo que mencionaré en estas dos entradas es lo que me comentó gente que vivió durante la época socialista, probablemente algunos datos no sean correctos o contengan inexactitudes, debido al paso del tiempo. Pido comprensión y no tomar al pie de la letra este artículo, pues recordar hechos ocurridos hace 40, 50 ó 60 años a veces puede no ser fácil. También adjunto algunas fotos de la base Fortepan de Hungría, de localidades húngaras durante la etapa socialista.


Ajka.


Su historia comienza en el pueblo eslovaco de Negyed (nombre húngaro, en eslovaco es Neded), cuya población, de unos 5.000 habitantes, era prácticamente 100% húngara antes de la primera guerra mundial, y a día de hoy continúa siendo mayoritariamente húngara (en torno al 55% de las 3.000 personas que lo habitan). Allí nacieron y pasaron los primeros años de su infancia.

Debido al terrible decreto del presidente eslovaco Edvard Benes, Negyed fue una de tantas poblaciones afectadas por los intercambios de húngaros de Eslovaquia por eslovacos de Hungría, con el objetivo de homogeneizar la población de Eslovaquia tras la segunda guerra mundial, pasando por alto el drama humano de la gente que se veía obligada a dejar atrás todo cuando tenía y comenzar una nueva vida en otro lugar. Solo en este pueblo más de 300 familias húngaras fueron afectadas. Los intercambios eran muy duros: las autoridades iban en coche a buscarles a la puerta de su casa, les daban una hora para dejar todo atrás (casa, amistades, posesiones...) y preparar una maleta, que era todo el equipaje que se les permitía llevar. Se les trasladaba a un tren, y así llegaban a una localidad húngara asignada al azar, donde a los húngaros recién llegados se les daba una casa de eslovacos que se habían marchado del pueblo por el mismo método. Tan solo los pobres eran los elegidos para estos intercambios forzosos, los eslovacos más acomodados continuaron viviendo en Hungría y viceversa. En muchas ocasiones, las nuevas casas estaban en condiciones deplorables, ya que habían pertenecido a los eslovacos pobres, como he mencionado, con pequeñas ventanas de barrotes, techo de cañas, suelo de tierra y pulgas por doquier.

Así, nada más llegar, en 1947, tras la segunda guerra mundial, les tocó comenzar el colegio y su nueva vida en Hungría. A los padres, que acababan de volver de combatir en la guerra, les visitaron nuevamente las autoridades y les "recomendaron" guardar silencio y no comentar las cosas que habían visto durante la guerra, bajo amenaza de consecuencias. Los soldados rusos, tras expulsar a los nazis de Hungría, solían efectuar redadas e inspecciones por todo el país, deteniendo y/o ejecutando a gente con apellido alemán, o que simplemente les sonase alemán. Muchas chicas se escondían en los desvanes o parte ocultas de las casas durante estas redadas, para evitar posibles abusos de los soldados.

Los años de la posguerra fueron muy duros, especialmente hasta 1956, año de la revolución húngara, que, aunque fue reprimida, logró para Hungría una serie de mejoras que permitieron elevar el nivel de vida de su población, de hecho la mayoría de los húngaros recuerdan los años hasta 1956 como muy duros, y que su vida mejoró tras la revolución.

En estos años previos, la gente trabajaba día y noche, sin parar. Ellos recuerdan que de día recogían girasoles y de noche se juntaban en las casas para golpear las plantas y así extraer las semillas. Este período coincide con el gobierno de Mátyás Rákosi, secretario general del partido comunista, que impuso un gobierno autoritario y un programa económico que no logró aliviar la penuria económica de un país devastado por la segunda guerra mundial y las deudas, y que fue un gran detonante de la revolución.

Más tarde, recuerdan, en los años 1959 y 1960, llegaron las colectivizaciones, donde en función de las necesidades del Estado, cada persona debía entregar sus posesiones (generalmente tierras, máquinas y animales) a cambio de los cuales se les entregaba algo de dinero. De la misma forma, debían entregar parte de todo lo que produjesen. Dependiendo de cuanta gente viviese en cada casa, se calculaban las cantidades de comida por persona y día, y todo excedente debía ser entregado a las autoridades encargadas de la colectivización (el conocido TSZ, o Termelőszövetkezet). La mayoría de la gente considera que estas cantidades calculadas era insuficientes: por ejemplo, para matar al cerdo había que pedir permiso, y solo se permitía uno al año para una familia de 5 personas. Por ello, era común guardar parte de lo producido y esconderlo en casa o en algún otro lugar. Eran bastante comunes las inspecciones, donde se ofrecía vino a las autoridades o incluso sobornos, para evitar las fuertes multas.

No siempre se ofrecía dinero a cambio de las colectivizaciones, a mi me comentaron que por los caballos sí que les pagaron, pero después debían entregar maíz para alimentarlos y por esto no recibieron nada a cambio. Otro trabajo que desempeñaron fue con una aventadora, (cséplőgép) separando el trigo de la paja, para llevarlo después al molino a fabricar harina, producto final, que debían entregar a las autoridades (donde se colectaba todo lo producido), si bien cada uno trataba de guardarse algo para fabricar pan en casa, por ejemplo.


Kazincbarcika.


Tras estas colectivizaciones, de nuevo se podían volver a tener animales, máquinas o herramientas, sin necesidad de entregarlos al Estado, teniendo que comenzar prácticamente desde cero. Al quedarse sin tierras ni posesiones, a la mayoría de la gente no le quedaba más remedio que ir a trabajar al TSZ, el mismo donde tenían que llevar sus posesiones durante las colectivizaciones, que era quien empleaba a gran parte de la población, especialmente en los pueblos, donde se vivía de la agricultura. Ellos recuerdan, casi con humor, cómo se les ordenó el cultivo de gusanos de seda, algo que nadie del pueblo había hecho antes, así como de hojas de morera, que era el alimento favorito de estos gusanos, y que nadie antes había cultivado. En otra ocasión, recuerdan, se les ordenó cultivar remolacha azucarera y al llegar a la fábrica de azúcar se les pagó con este producto en lugar de dinero.

Era bastante habitual que se ordenase a los trabajadores cultivar alimentos que jamás se habían cultivado hasta entonces, ocasionando situaciones un tanto ridículas, como se ilustra por ejemplo en la escena de la famosa naranja húngara en la película "A tanú" (donde se intenta cultivar naranjas en Hungría, y cuando va el político de turno a ver los resultados, un niño se ha comido la única naranja conseguida, que se la iba a dar a probar. Al político se le ofrece un limón de manera improvisada, y quejándose de lo amargo que está, los del pueblo le dicen que es una "naranja húngara", algo amarilla, sí, algo amarga, también, pero así es la naranja húngara).


Komló.


En cuanto al trabajo, señalan, era obligatorio. Quien se negase a trabajar era multado o incluso arrestado. De esta forma se consiguió el pleno empleo, con tasas de prácticamente el 0%, tan característico de los países socialistas de la época. La gente sin empleo debía acudir al TSZ y allí les decían las tareas que debían realizar cada día. A los trabajadores se les descontaba una parte del salario mensual que les era entregado a final de año. Además, el TSZ celebraba una cena anual, donde premiaban a los mejores trabajadores con una paga extra de algo menos de un mes de salario, unos 900 forint de la época. El salario iba bastante ligado a la productividad, quien trabajaba más, ganaba más dinero. Se calculaban las munkaegyseg (una especie de "unidad de trabajo") que sumaba cada trabajador, por objetivos. Más o menos el sueldo estaba en torno a los 1.500 forint al mes, aunque como he dicho, la cantidad variaba.

Es importante también mencionar la figura de los "kulák". Los kulák eran los terratenientes, personas que tenían gran cantidad de tierras antes del sistema socialista y de las colectivizaciones agrícolas. Las autoridades se las expropiaron, ya que argumentaban que tales posesiones no se podían haber conseguido de manera honrada, y les llevaron a otras regiones de Hungría a emprender los trabajos considerados más duros, como la minería, en campamentos de trabajos forzados como el de Recsk. Si bien algunos de los kulák sí habían conseguido las tierras de forma poco honesta, otros lo habían hecho trabajando mucho para conseguir dinero y comprarlas. Tras la revolución de 1956 llevaron a la cárcel a muchos de estos kulák, donde la ÁVH (policía secreta húngara) les torturó.

También me comentan que muchas personas que antes habían trabajado para los kulák, tras la expropiación de las tierras a sus antiguos jefes y el traslado de los mismos a campos de trabajos forzados, se sentían importantes hasta el punto de ir muchos de ellos con una arrogancia tan ridícula como difícil de soportar.


Tatabanya.

todas las imágenes proceden de fortepan.hu


La segunda parte estará disponible próximamente.

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