viernes, 2 de mayo de 2014

Hungría, donde la sanidad se paga dos veces

En Hungría, pese a que teóricamente la sanidad es un servicio público y gratuito (cubierto por el Estado), es común ofrecer a los médicos (funcionarios públicos) un sobre lleno de billetes como gratitud por los servicios prestados. Incluso puede considerarse una forma de soborno, para así tener una mejor atención o disfrutar de un servicio más personalizado. Es el conocidísimo Hálapénz.




Esta práctica se inició en el año 1958, cuando las reformas llevadas a cabo en la época socialista redujeron cuantiosamente los salarios de los médicos. Pese a que el comunismo desapareció del país en 1989, esta costumbre o tradición (por llamarlo de alguna forma) no solo no lo hizo, sino que sigue vigente a día de hoy. Por supuesto que el hecho de pagar estos honorarios de gratitud personales al médico (llamado hálapénz, literalmente "dinero de gratitud") es totalmente ilegal, además de avergonzante para la profesión, pero está ya tan normalizado que mucha gente ni se plantea no hacerlo, e incluso piensa que es algo normal en todos los países.

Los médicos de otros países de la UE siguen sin comprender como es posible que muchos de sus colegas húngaros toleren esta práctica y acepten este dinero. Probablemente una de las razones es que lo sigan haciendo debido a que los sueldos de los médicos en Hungría son muy inferiores a los de los médicos de otros países de Europa (un tercio de lo que gana un médico en Inglaterra o incluso una sexta parte de lo que cobra un doctor francés). El gobierno poco puede hacer para sancionarles, ya que la mayoría de los médicos formados en Hungría se va a trabajar al extranjero en busca de mejores sueldos, y la escasez de personal sanitario comienza a ser un problema preocupante.

Sin embargo, el reparto de esta riqueza ilícita es bastante desigual: se calcula que el 20% de los médicos húngaros recibe el 80% de todo este dinero. Especialmente los ginecólogos tienen fama de ser los que más dinero de este tipo reciben: lo normal es entregar entre 100.000 y 150.000 forint por un parto (entre 300 y 450 euros). Algo sorprendente en un país cuyo sueldo medio es inferior a esa cantidad. No obstante, no todos los médicos aceptan este dinero, ni toda la gente lo ofrece. Como dije, la costumbre general es ofrecer este dinero a los obstetras y a los cirujanos, y normalmente se paga más en las ciudades que en los hospitales rurales.

¿Y qué pasa si no pagas? Obviamente los médicos de la seguridad social no pueden negarte su servicio público, sin embargo este puede ser mucho más desconsiderado, con mala educación y malos modales. Y no solo eso. También a veces conviene dar algo de dinero o regalos a la enfermera, auxiliar o al personal de limpieza, si queremos que nos atiendan bien, cuiden a los niños cuando la madre no puede o tengan limpia la habitación y cambien las sábanas sucias. Ha habido quejas en los principales medios de comunicación del país de algunas madres que fueron tratadas maravillosamente hasta el parto, y al no dar este dinero de gratitud, comenzaron los tratos vejatorios e incorrectos.


Tarifas aproximadas del hálapénz. En general por un parto en un hospital de Budapest se pagan entre 75.000 y 150.0000 forint, o si es en una población pequeña entre 40.000 y 100.000. Por una cirugía, entre 50.000 y 100.000 en la capital y entre 20.000 y 30.000 en las pequeñas poblaciones, siempre pagados a un médico previamente escogido.


Sin ir más lejos, una iniciativa que surgió hace una década fue un portal web para las futuras madres donde se publicó cuanto "cobraba" un obstetra, cuáles eran los más solicitados e incluso quiénes ofrecían una mejor relación calidad-precio, con cifras, nombres y apellidos, formando una enorme base de datos. El caso saltó a la prensa y a la escena política. Finalmente los jueces dictaminaron que la página web violaba la privacidad de los datos de los médicos, y el portal fue clausurado por el propio dueño.

Sin embargo, poco después, se abrió una nueva página web enfocada a ser un foro de debate sobre las opiniones públicas y experiencias personales con respecto al sistema de salud público húngaro, sin elaborarse ningún tipo de base de datos y donde cada persona era responsable de sus opiniones y veracidad de sus historias.

Como ya he mencionado, es un problema difícil de solucionar: el estado argumenta que no tiene dinero para subir los sueldos de los médicos, los colegiados, que aceptan este "dinero de gratitud" para compensar sus bajos salarios, y aunque en teoría deberían de ser perseguidos e investigados, extraoficialmente al gobierno no le interesa, pues bastantes dificultades tiene ya para conseguir médicos. Incluso aprobó una ley por la cual los estudiantes de medicina que reciban ayudas del gobierno  para dichos estudios deben firmar un contrato que les obliga a ejercer la medicina en Hungría durante unos años obligatorios. Sin embargo, pocos la han firmado: prefieren pagarse los estudios de su bolsillo (hipotecándose con los bancos muchas veces) y marcharse a Alemania, Inglaterra o Austria, donde su sueldo se multiplica en comparación con el que les espera en su país de origen.

Las soluciones a este problema están muy claras, pero son difíciles de conseguir en plena crisis económica: aumentar el sueldo de los facultativos, mejorar el deteriorado sistema de salud nacional y, por supuesto, perseguir y sancionar esta práctica.




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